miércoles, 28 de enero de 2009
sábado, 24 de enero de 2009
jueves, 22 de enero de 2009

Llegó al correo de Dani un mensaje estremecedor lleno de fotos de niños y bebes palestinos asesinados durante la reciente invasión israelí. No obstante, en aras de entender más (y no solo indignarse y llorar de rabia e impotencia) creo que esta imagen habla por sí misma, en ella podemos encontrar respuestas y hacernos nuevas preguntas respecto del conflicto palestino-israelí.
5

Dibujo hecho sobre cartón con unos deliciosos colores pastel, cremosos como una barra de mantequilla. Me llamó la atención el nombre de la marca, que parecía más apropiada para vestidos de noche: Norma de la Serna o algo así. La propietaria, nuestra editora, los sacó en una charla con ilustradores y causó sensación. Ya ni siquiera supimos lo que firmamos, estábamos embobados con los colores.
Proyecto FIBONACCI
miércoles, 7 de enero de 2009
2009
Año nuevo, cabeza nueva. El contenido, en cambio, creo que variará poco, mismos dibujos, mismas cuitas, el mismo personaje al fin y al cabo.
Aunque el tiempo sigue su inexorable marcha y la certeza de la finitud (yastamos rucos, ca', dijo más contundente un cercano amigo) obligan a priorizar: Qué quiero, por qué, en dónde, con quién?
Lo único cierto es que no todo lo que pensamos hacer llegaremos a hacerlo, luego entonces, ¿QUÉ NO QUEREMOS DEJAR DEFINITIVAMENTE DE HACER ANTES DE QUE NOS LLEGUE LA HORA?

... Sin embargo intentaremos que no nos lleve más de las dos primeras semanas de este año que comienza. Después nos concentraremos absolutamente en conseguirlo.
(Y esperemos que la concentración dure al menos otras dos semanas-semana y media)
Aunque el tiempo sigue su inexorable marcha y la certeza de la finitud (yastamos rucos, ca', dijo más contundente un cercano amigo) obligan a priorizar: Qué quiero, por qué, en dónde, con quién?
Lo único cierto es que no todo lo que pensamos hacer llegaremos a hacerlo, luego entonces, ¿QUÉ NO QUEREMOS DEJAR DEFINITIVAMENTE DE HACER ANTES DE QUE NOS LLEGUE LA HORA?

... Sin embargo intentaremos que no nos lleve más de las dos primeras semanas de este año que comienza. Después nos concentraremos absolutamente en conseguirlo.
(Y esperemos que la concentración dure al menos otras dos semanas-semana y media)
martes, 30 de diciembre de 2008
Pequeña odisea urbana
Dic 30
Voy al banco para preguntar un asunto de un depósito que le hice a Ernesto, muy orondo con mi cámara seminueva tomando fotos, embelesado con la anatomía urbana.
Click, click, click y más click.

De regreso tomo unas fotos en el pesero al copiloto del chofer, un niño que me recuerda a la fierecilla del boomerang en Mad Max 3, pongo mi libro en el asiento de al lado y cuando me bajo, me percato de que lo he dejado arriba. Estoy en el cruce de Céfiro y Peri y pego la carrera como alma que lleva el diablo atrás del pesero que afortunadamente termina su recorrido en la parada del Metrobus, trescientos metros más adelante. Mientras corro, recuerdo que atrás de mí, solitario, solo quedaba un pasajero y pienso que es muy poco probable que haya visto el libro. Los primeros 100 metros debo haberlos hecho en 9.85 segundos pero los 200 restantes como en tres minutos y medio por el agotamiento casi instantáneo de las energías en el primer golpe adrenalínico. Todo empieza a palidecer a mi alrededor, los sonidos se atenúan y el pecho arde como si respirara ácido.Pero el impulso es más fuerte y no caigo extenuado. Cuando llego a la base, el pesero no está, pregunto a un controlador dónde se estacionan y me dice que en la "prebase", por los mausoleos, como medio kilómetro más adelante. Idiota, como el recorrido que de hecho hizo el pesero fue una herradura, si hubiera cortado por una de las calles transversales lo habría interceptado. Pero justo enfrente hay un sitio de taxis, el del hospital, me subo y le explico al chofer la situación. Vamos tras el pesero que por lo visto no se detuvo en la "prebase", debe haber seguido. Finalmente lo alcanzamos prácticamente donde lo tomé por primera vez. Tiene ya como 12 pasajeros, me subo y le pregunto al chofer si ha visto un libro, justo estaba subiendo los hombros haciendo gesto de "quién sabe" cuando una seño, desde el asiento en donde yo iba, levanta la voz y me pregunta: ¿es éste?
Voy al banco para preguntar un asunto de un depósito que le hice a Ernesto, muy orondo con mi cámara seminueva tomando fotos, embelesado con la anatomía urbana.
Click, click, click y más click.

De regreso tomo unas fotos en el pesero al copiloto del chofer, un niño que me recuerda a la fierecilla del boomerang en Mad Max 3, pongo mi libro en el asiento de al lado y cuando me bajo, me percato de que lo he dejado arriba. Estoy en el cruce de Céfiro y Peri y pego la carrera como alma que lleva el diablo atrás del pesero que afortunadamente termina su recorrido en la parada del Metrobus, trescientos metros más adelante. Mientras corro, recuerdo que atrás de mí, solitario, solo quedaba un pasajero y pienso que es muy poco probable que haya visto el libro. Los primeros 100 metros debo haberlos hecho en 9.85 segundos pero los 200 restantes como en tres minutos y medio por el agotamiento casi instantáneo de las energías en el primer golpe adrenalínico. Todo empieza a palidecer a mi alrededor, los sonidos se atenúan y el pecho arde como si respirara ácido.Pero el impulso es más fuerte y no caigo extenuado. Cuando llego a la base, el pesero no está, pregunto a un controlador dónde se estacionan y me dice que en la "prebase", por los mausoleos, como medio kilómetro más adelante. Idiota, como el recorrido que de hecho hizo el pesero fue una herradura, si hubiera cortado por una de las calles transversales lo habría interceptado. Pero justo enfrente hay un sitio de taxis, el del hospital, me subo y le explico al chofer la situación. Vamos tras el pesero que por lo visto no se detuvo en la "prebase", debe haber seguido. Finalmente lo alcanzamos prácticamente donde lo tomé por primera vez. Tiene ya como 12 pasajeros, me subo y le pregunto al chofer si ha visto un libro, justo estaba subiendo los hombros haciendo gesto de "quién sabe" cuando una seño, desde el asiento en donde yo iba, levanta la voz y me pregunta: ¿es éste?
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